
A las puertas de la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), este 8 de marzo de 2026 nos sitúa ante una realidad innegable: no existe justicia global si no se aplica una justicia climática con enfoque feminista. Bajo el lema de Naciones Unidas “Derechos, justicia y acción para todas las mujeres y niñas” y el impulso local de Barcelona para romper los estereotipos de género, nos enfrentamos al desafío urgente de transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad.
A pesar de encontrarnos en el segundo cuarto del siglo XXI, la realidad jurídica es desoladora: ninguna nación ha logrado cerrar por completo las brechas legales entre hombres y mujeres. Actualmente, las mujeres solo gozan del 64% de los derechos jurídicos que tienen los hombres a nivel mundial, enfrentando leyes que las desfavorecen sistemáticamente en el trabajo, la seguridad, la familia y la propiedad. Mientras el Informe sobre la Brecha de Género Global 2025 del Foro Económico Mundial indica que la paridad total todavía está a más de un siglo de distancia, el ritmo actual de progreso en protección jurídica sugiere que necesitaremos 286 años para cerrar la brecha, lo que equivale a una capitulación ante la injusticia.
El coste de no actuar es devastador y está intrínsecamente ligado a la crisis planetaria. Según el informe Gender Snapshot 2024 de ONU Mujeres, si no aceleramos la acción, alcanzar el objetivo de poner fin a la pobreza extrema (ODS1) para mujeres y niñas tomará 137 años adicionales. El escenario futuro es aún más alarmante: para el año 2050, el cambio climático podría empujar a 158 millones más de mujeres y niñas a la pobreza y dejar a 263 millones adicionales en situación de inseguridad alimentaria. Sin sistemas de justicia que funcionen, estos derechos se quedan en promesas que nunca llegan a quienes más los necesitan.
La lucha por la justicia climática encuentra un obstáculo invisible pero poderoso en los estereotipos de género. El Ayuntamiento de Barcelona señala que estas construcciones sociales actúan como “realidades dicotómicas” que limitan las capacidades y ocupaciones de las mujeres. Esta brecha se manifiesta en la vida cotidiana: el 53,3% de las mujeres dedican entre 2 y 4 horas diarias al trabajo doméstico, frente al 34% de los hombres, reforzando el rol de “cuidadora”. Además, la falsa creencia de que las mujeres no pertenecen a las carreras de ciencia y tecnología (STEM) sesga el diseño de soluciones ambientales, haciéndolas menos equitativas y eficaces.
Para salvar el planeta, el marco de la justicia climática feminista propone cuatro pilares fundamentales, conocidos como las “4R”, que los estereotipos actuales intentan bloquear:
Este camino hacia la igualdad de justicia será el eje central del 70.º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70) que comienza este 9 de marzo, donde se buscará eliminar las leyes y prácticas discriminatorias de forma definitiva.
La justicia no surge de la nada; se construye y debe financiarse. Este 8 de marzo es una llamada a la acción para desmantelar las barreras estructurales y las normas sociales nocivas que socavan los derechos de las niñas y mujeres. Te invitamos a unirte a ONU Mujeres y a la sociedad civil para exigir “Derechos. Justicia. Acción.”, compartiendo historias con la etiqueta #PorYParaTodas. Es momento de apoyar a los movimientos que trabajan por una justicia que no solo esté en los libros, sino que se cumpla y proteja a todas las personas sin distinción.
Referencias:
https://www.weforum.org/publications/global-gender-gap-report-2025