

El 3 de marzo conmemoramos el Día Mundial de la Vida Silvestre, una fecha que marca el aniversario de la firma de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) en 1973. Este día se ha convertido en un recordatorio urgente que remarca nuestra interdependencia con el mundo natural, y en este 2026, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), nos invita a mirar nuestro entorno bajo el lema: “Plantas medicinales y aromáticas: conservar la salud, el patrimonio natural y los medios de subsistencia”.
Nuestra salud depende directamente de la salud de los servicios ecosistémicos y su biodiversidad. Para dimensionar esta conexión, podemos citar cifras mencionadas por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES): actualmente, unos “cuatro mil millones de personas dependen principalmente de las medicinas naturales para su atención sanitaria básica”.
Esta dependencia no resulta exclusiva de las tradiciones ancestrales, la medicina moderna también tiene sus raíces en la vida silvestre. De hecho, “alrededor del 70% de los medicamentos utilizados para el tratamiento del cáncer son productos naturales o compuestos sintéticos, inspirados directamente por la naturaleza”.
La naturaleza y sus contribuciones fundamentales a las personas, que en conjunto incorporan la diversidad biológica y los servicios y funciones de los ecosistemas, se está deteriorando sin precedentes. Datos de IPBES advierten que “un mayor número de especies están en peligro de extinción a nivel mundial como resultado de las acciones de los seres humanos. En promedio, alrededor del 25 % de las especies de grupos de animales y plantas evaluados están amenazadas, lo cual hace pensar que alrededor de un millón de especies ya están en peligro de extinción, muchas en apenas decenios, a menos que se adopten medidas para reducir la intensidad de los impulsores de la pérdida de diversidad biológica.”
El vínculo entre salud y la flora silvestre nos obliga a replantear nuestra estrategia. Ante una crisis de tal magnitud, la conservación pasiva ya no es suficiente. El verdadero reto está en pasar de la protección a la regeneración. En Biyiud, valoramos las pequeñas acciones porque transforman al ciudadano de un simple consumidor en un custodio activo de la salud del planeta.
A continuación mencionamos tres acciones concretas que aportan a la salud ecosistémica desde nuestro entorno urbano:
Referencias:
https://www.un.org/es/observances/world-wildlife-day
https://wildlifeday.org/es/about-us
https://www.ipbes.net/global-assessment